Si tuviera la memoria en condiciones como para recordar quién dijo lo de la música del mundo (o del universo), os lo diría. Así que ruego que si alguno de vosotros se acuerda, por favor, hacédmelo saber porque me fastidia no saber ponerle nombres a las cosas que escribo.
Pues en Tokyo ocurre lo mismo. Como en cualquier gran ciudad del mundo, pero con una esencia un tanto especial. Cuando te paras a analizar lo que estás escuchando, te das cuenta que si tuvieras que controlar todos esos sonidos a tu alrededor acabarías como una regadera. Desde las conversaciones casi ininteligibles, los pasos de cebra con el aviso para invidentes, los coches pasando por todas partes, las cadenas de las bicicletas traqueteando en el asfalto, los vendedores de las tiendas gritando sus productos, la propia comida crepitando en las sartenes, arroceras ruidosas, furgonetas propagandísticas, hasta incluso las bandas sonoras de música clásica que ponen por las mañanas en determinadas partes de la ciudad para que la marcha hacia el trabajo/colegio sea lo más armoniosa posible.
Hoy decidí sustituir ese conjuntos de sonidos por mi mp3. Prácticamente no lo había usado desde que llegué a Tokyo. Tampoco es que no quisiera, soy un adicto mi música, como todos vosotros lo sóis a la vuestra. Lo que ocurre es que tampoco me había planteado ponérmelo porque estaba en ese periodo de adaptación en el que todo parece llenarte de vida y, al mismo tiempo, te mantiene atento a la algarabía confusa de la gran ciudad. Es como cuando estás aparcando el coche, que necesitas por algún extraño motivo tener la música baja o apagarla para poder realizar la maniobra con éxito (uno de esos misterios sin resolver, ya sabéis).
Y cuando más relajado estaba (además se me había pasado bastante más rápido el trayecto hacia el instituto con el mp3), aparece una profesora nueva de los lunes: Sor Bandurria. Es una señora de unos 50 años muy amable que tiene un serio problema con el timbre de su voz, y provoca unos pitidos extraños en el oído que no supone algo extraño para un loro del Amazonas, pero sí para la amplitud de onda humana corriente. Además, está intentando incorporar demasiado rápido en sus clases ese humor de profesor de matemáticas de la ESO que tiene que hacer guardia cada dos por tres. No, no es agradable ><. Acostumbrado a las demás profesoras, esta es la antediluviana señora de la enseñanza, cuyo poder es una voz estridente que provoca dolores de cabeza permanente (de momento ninguna tendencia al suicidio). Mientras Sor Bandurria se aclaraba la garganta en el descanso para poder proseguir más tarde, Shuyou, una de mis compañeras, me regalaba este billete de 5 Jiao nuevecito, el que os muestro aquí:
Resulta que además de las monedas, existen billetes de estas mínimas cantidades de dinero, como 1 Jiao, 2 Jiao y 5 Jiao, viniendo luego los Yuan y subiendo en cantidad. Donde quiero llegar es: ¿Cuántas billeteras hay que llevar en el bolsillo en China? xDD. Porque ir a hacer la compra al supermercado tiene que ser lo más divertido del mundo, sobretodo para los timadores (mal asunto para los carteristas,xD).
Mmm, vale. Dejo mis desvaríos por ahora.
¡Un abrazo!
Raúl

es super xulo el billete, acabo de leer las 2paginas del blog,ayer no se porque no me salia en el ordenador pero viendo lo que ha pasado hoy pues no me extraña aquí desde luego esta haciendo unos dias muy raros sale el sol y cuando menos te das cuenta te cae un chaparron!!! asi que aunque vayas en manga corta tienes que ir cargando con el paraguas aunque no quieras. bueno a ver si mañana no hay tantos problemas con la videollamada. ARSA que vaya bien deu!!!!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminar